La ovación

La Variedad en el entrenamiento de la técnica, por Manolo Laguna

De la serie Mejorar la ejecución de las acciones de juego III

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01/03/2018

La Variedad en el entrenamiento de la técnica, por Manolo Laguna

Había señalado, en el primer artículo de esta serie sobre “El Entrenamiento de la Técnica” las cuatro “estrellas” que yo utilizo para navegar en este mar sin caminos marcados por el que nos tenemos que mover cuando queremos mejorar la técnica de nuestros jugadores.

En la continuación, les hablé del trabajo analítico – tan denostado a veces – y de la necesidad ineludible de emplearlo para mejorar los aspectos mecánicos de la ejecución de las acciones de juego. Esta era la primera estrella que me ayudaba a orientarme.

Pero en un deporte que exige actuaciones adaptativas, para ser bueno en las acciones específicas del juego, no basta con el dominio de algunos modelos de ejecución cerrados. Necesitamos algo más.

Hoy me voy a centrar en otra de las 4 “estrellas” que utilizo de forma sistemática en mis planteamientos del entrenamiento de la técnica: la variedad

Escribía, en la entrega anterior, sobre la capacidad del ser humano para generalizar. El ser humano tiene la capacidad innata de adaptarse generalizando cosas que aprendió de una forma cerrada. Incluso echa mano de conocimientos y habilidades adquiridas en otro ámbito para enriquecer su actuación.

Cuanto mayor sea la creatividad del individuo, más grande será la capacidad de generalizar y descubrir opciones.

Esto no ocurre únicamente en el campo de la actividad motriz, pero es en este terreno donde me voy a centrar, por razones obvias.

Aprendemos a andar, de forma insegura al principio, y en poco tiempo y sin que medie un entrenamiento específico, ese niño que se inició en el caminar, empieza a correr y es capaz de adaptar su movimiento al firme donde se apoya, a sus irregularidades y obstáculos, cambiando la dirección, saltando, persiguiendo y escapando – según su propósito – sin que tenga que pensar en ello. Es decir, aprendió un patrón de movimiento de forma dubitativa y lo fue transformando para ser cada vez más eficaz en sus movimientos. Es un explicación para ilustrar lo que quiero exponer.

Leído esto, alguno me podría decir: “no te comas el coco, Manolo, ya lo comprendo, enseño a un niño un modelo básico de lanzamiento – por ejemplo – y ya se irá adaptando él”.

Casi podría dar la razón a alguien que argumentara de esa manera, de hecho conozco a muchos jugadores de gran nivel que, en sus etapas iniciales, no hicieron mucho más que aprender un modelo establecido de lanzamiento y con el tiempo, sin un entrenamiento concreto que pensara en la generalización de ese modelo, se fueron convirtiendo en grandes lanzadores con recursos muy sofisticados.

Pero hay motivos que me impulsan a no conformarme con eso.

Algunas reflexiones sobre el “aprendizaje asociativo”

Hay razones por las que pienso que la tarea de generalizar – enriqueciéndolo – un movimiento que se aprendió de forma “cerrada”, pueden mejorarse notablemente, más allá de la capacidad que tenga cada jugador.

Las enumeraré de forma puntual, para tratar de que el razonamiento sea más comprensible

  1. Entrenamos para elevar el nivel del grupo

No todos los jugadores que tenemos en el grupo de trabajo, tienen la misma personalidad creativa y no todos conseguirán desarrollar mucho un patrón motor si no les prestamos ayuda.

Hay jugadores que tienen una gran capacidad analítica, es decir, la capacidad de aprender por sí mismos, fijándose en detalles e imitando todo aquello que le parece interesante, pero no todos son así. Tampoco todos tienen la misma inquietud y motivación para buscar posibilidades eficaces.

Entrenamos para que todos mejoren, no entrenamos solo para atender las expectativas de unos pocos más inquietos o mejor dotados.

Aunque, inevitablemente, la mejora no será nunca totalmente uniforme.

  1. ¿Generalizar es una tarea personal del Jugador?

He escrito un poco más arriba que el ser humano tiene la capacidad de generalizar los patrones motores que aprende de forma cerrada, pero esto no convierte la generalización en una tarea estrictamente personal, de hecho esta generalización se produce de forma espontánea por adaptación al medio, pero también por la interacción con otros individuos.

En el caso de la generalización de tareas específicas de un deporte concreto, la interacción en el juego y el entrenamiento con compañeros y adversarios influye notablemente en el enriquecimiento de las habilidades de los jugadores.

El ambiente donde se desenvuelve la actividad es determinante en la evolución de los individuos, yo diría que la mayor creatividad de algunos nos puede ayudar a aumentar la creatividad de todos (¡¡la personalidad creativa también se educa!!) y esto hay que propiciarlo y aprovecharlo.

Pero no es, ni mucho menos, el único motor para el crecimiento.

  1. La técnica es un medio, no un fin

En los deportes abiertos, lo que realmente genera la acción es lo que se intenta y las consecuencias que esto origina, es decir, las intenciones.

Cuando un jugador se escapa para tratar de llegar cerca de la portería del rival, lo que genera el movimiento es su intencionalidad de conseguir esa penetración en el sistema defensivo del equipo adversario y la interacción que  provoca con los defensores y con los compañeros de ataque.

Esto es lo que da origen a desmarques y fintas (en el lenguaje de mi deporte, el balonmano).

Las acciones de penetración se enriquece con el dominio de los recursos mecánicos para hacer más eficaces las paradas súbitas, los cambios de dirección, los cambios de ritmo… es decir, que mejoran la eficacia mecánica de los desplazamientos en el juego

Pero cualquier niño que se ponga a jugar sin antes haber hecho ningún trabajo de mejora mecánica de los desplazamiento, hará acciones que podremos identificar como “fintas” o “desmarques”

No comparto la idea – que he escuchado en muchas ocasiones – de que primero hay que aprender la técnica para, luego, poder jugar.

Todo el mundo baila, sólo por el placer de bailar, sin tener que ir primero a una academia a que le enseñen los pasos adecuados. La técnica se va puliendo con el entrenamiento, pero el origen es la intención de bailar

Es más, la técnica no es una cuestión fija, cambia con el tiempo, según las intenciones tácticas se van puliendo.

Hoy veo frecuentemente, en el balonmano, de forma natural y con notable éxito, lanzamientos que si se le hubiera ocurrido a alguien hacerlos a hace cuarenta años, habría sido tachado de frívolo, e incluso hubiese sido reprimido por su entrenador, para que dejara de hacer “tonterías”

Las intenciones (la táctica individual) generan el juego, marcan el “qué”, la técnica es la búsqueda del “cómo”.

¿Por qué remarco esta idea aquí? La remarco porque el hecho de que los jugadores conciban la técnica como un fin en sí misma, me parece un obstáculo para la evolución de los movimientos aprendidos (aparte de razones de más calado que no influyen para lo que aquí quiero exponer)

Y algunas consecuencias para el trabajo práctico

No valdrían de nada las tres reflexiones anteriores si no fuese capaz de sacar consecuencias

En realidad la pregunta que hay que responder es: ¿qué puede hacer el entrenador para propiciar y para mejorar esta generalización de los patrones básicos que se aprenden de forma cerrada?

No me atrevo a dar una respuesta universal, pero sí que puedo explicar mi opinión.

Creo que el entrenador puede ser una pieza fundamental en la formación de jugadores con una gran capacidad de ejecución adaptativa. Expongo, también por puntos, lo que creo que se puede hacer.

  1. El entrenador es el responsable de crear el ambiente adecuado y de destacar las ideas dominantes

El entrenador, en un principio, es el que enfoca el trabajo y, por lo tanto, es el responsable de que los jugadores lo aborden centrados en las intenciones o, por el contrario, conciban la ejecución mecánica como el fin mismo de la acción.

Además,  tiene la responsabilidad de la evolución del grupo, su objetivo es propiciar la interacción y orientar y modular, aportando ideas y pautas, los hallazgos que unos y otros van haciendo respecto de cualquier técnica propuesta.

También es el responsable de crear una forma de trabajo que dé cabida a la crítica y a la inventiva, paliando el miedo a expresarse que los más precavidos suelen mostrar.

Con sus conocimientos, orienta y matiza la actuación (no todo lo que se inventa en bueno) pero no coarta la espontaneidad de los jugadores. Es importante la forma en que se orienta, pues al final, los matices emocionales – como ya expuse al hablar de la toma de decisiones – son los que marcan lo que se tenderá a repetir y lo que se evitará

  1. Evolucionar desde un modelo/Evolucionar desde la variedad

Pero puede hacer algo más que crear un ambiente adecuado para propiciar la inventiva y el intercambio de experiencias: puede ampliar las bases sobre las que generalizar.

No hay una manera única de hacer las cosas para que estas alcancen un grado aceptable de eficacia

Voy a seguir con el ejemplo del lanzamiento, para tratar de explicarme mejor

Un jugador puede aprender, trabajando analíticamente, a realizar perfectamente un “lanzamiento clásico”, pero no es el único modelo de lanzamiento que aporta dosis importantes de potencia y precisión.

Si además de este modelo, añadimos paulatinamente y también de forma analítica, otras posibilidades de lanzar (de cadera, en suspensión, rectificado, etc.) las posibilidades de adaptación se multiplican.

El que crea esas bases para mejorar la generalización, por supuesto que es el entrenador.

Creo que la apuesta por la variedad es ineludible si queremos tener jugadores con una gran capacidad de ejecución adaptativa.

Aunque no quiero pararme aquí, somos ambiciosos y no nos conformamos con jugadores que dominen tres o cuatro formas de hacer las cosas, queremos jugadores que se acerquen a las posibilidades infinitas, es decir, a la adaptación total, sin perder por eso un porcentaje significativo de la eficacia mecánica que cada acción requiere.

Hay que dar una vuelta de tuerca más a los planteamientos del trabajo

  1. Queremos posibilidades infinitas ¿Podemos entrenar infinitas posibilidades?

Claro que no. El entrenamiento analítico es en sí mismo finito, ni siquiera podemos pensar en barajar opciones muy numerosas a la hora de proponer formas diferentes de hacer las cosas.

En este contexto, el dilema que se plantea es variar simplemente añadiendo opciones  – sólo por aumentar el repertorio – o variar con una estrategia clara para crear un soporte que propicie la generalización, es decir, generalizar a partir de opciones que completen un panorama mecánico de la tarea específica que se aborda (lanzar, pasar, fintar, marcar, interceptar, etc.)

Tengo que aclarar que pienso que el hecho de aportar variedad – cualquiera que sea esta – ya crea un soporte para la generalización. Pero no todos los soportes son iguales.

Mi opinión es que hay que tratar de analizar minuciosamente cada tarea específica del juego y crear un proceso donde quede definidas las opciones básicas sobre las que el grupo trabajará en común.

Vuelvo al ejemplo del lanzamiento, para tratar de no dispersarme mucho y aclarar mejor lo que acabo de exponer:

Un jugador aprendió como base para lanzar potente y preciso, la técnica del lanzamiento clásico, y estamos pensando en generalizar la tarea de lanzar a portería.

Podemos ir añadiendo, simplemente, modelos diferentes de ejecución y esto ya ampliará su capacidad de generalizar.

Sin embargo podemos hacer un planteamiento más elaborado aún, como el que vemos en el cuadro que pongo a continuación.

Aclaro un poco:

En este caso trabajo sobre cuatro facetas de la mecánica del lanzamiento. Dos relativas al brazo ejecutor, una relativa a la situación de apoyo (o no) del lanzador y otra relativa a la situación del tronco.

No voy a explicar mucho el cuadro, porque no es la misión de este artículo. Sólo aclarar una pregunta que a los balonmanistas les habrá venido a la cabeza: ¿Por qué analizar dos facetas diferentes relativas a la acción del brazo?

La respuesta es simple: porque habitualmente englobamos en el concepto “armado de brazo”, toda la acción del brazo en el lanzamiento, y esto me parece un error importante.

En realidad “armar el brazo” sólo es preparar la palanca que luego proporcionará potencia al lanzamiento. Sin embargo, el desarrollo del lanzamiento (trayectoria que sigue el brazo al ejecutar el mismo) puede ser muy diferente, aunque parta de una misma posición de armado. Se puede armar el brazo de forma clásica, por ejemplo, y desarrollar el lanzamiento de forma lateral o por abajo. El armado no es un condicionante absoluto del desarrollo final del lanzamiento.

Al final, con un cuadro de este estilo, estamos trabajando con unas pocas posibilidades (13 elementos en este caso) que es un número finito y bastante manejable, pero que puede conducir a una capacidad casi infinita de lanzamientos.

No son elementos elegidos de forma irreflexiva, por ejemplo: los tres prototipos a aprender de desarrollo del lanzamiento (clásico, lateral y por abajo) se eligieron porque diversos estudios acreditan que cualquier lanzamiento a una mano que pretende ser potente, es una composición de estas tres posibilidades básicas.

Alguien que domine estos tres modelos, tiene más probabilidad de generar lanzamientos en todo el arco del brazo (a cualquier altura) que jugadores que no hayan hecho este trabajo de forma sistemática. El objetivo final no es que sepan tirar de tres formas, eso solo es circunstancial, sino que el dominio de estas tres formas sea el soporte de un “brazo adaptativo”.

Así ocurre con el resto de elementos y las combinaciones que pueden surgir al mezclar los demás componentes marcados en el cuadro.

De forma análoga actúo al analizar las posibilidades técnicas de cada una de las tareas específicas del juego.

Todo esto es análisis, la toma de decisiones no está presente aún en este tipo de trabajo, pero si queremos jugadores adaptativos, el fomento de la variedad, dentro del análisis, me parece fundamental.

Y si además la variedad busca formar una estructura de opciones que completen un panorama mecánico coherente, mejor aún

Aunque aún no hemos ultimado nuestra ruta, el análisis y la variedad nos ayudan pero no completan el panorama. Nos queda describir otras “estrellas” que nos ayudarán a situarnos en el camino de la “técnica adaptativa sin perder mucha eficacia ni eficiencia mecánica”, pero eso lo dejo para los próximos artículos.

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