La ovación

La soledad del deportista lesionado, por Manuel Aguilar

La soledad es un sentimiento que en muchos casos acompaña, como una compañera permanente, a la persona que ha sufrido una lesión.

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10/01/2018

La soledad del deportista lesionado, por Manuel Aguilar

No es sólo física, pues se queda fuera de la dinámica habitual del grupo, sino que es la soledad interior de la incomprensión de la situación y de las expectativas hacia los demás.Es la soledad del camino de regreso a casa, llena de pensamientos, unas veces negativos y otras, un simple “¿por qué?” repetido en circuito cerrado.

En la película “Full Monthy“, en clave de tragicomedia, vemos el miedo que tiene uno de los personajes a comunicar su situación y cómo el sentimiento de vergüenza le hace afrontarlo sólo, externa e internamente. Al final, aunque el contexto es distinto, uno duda entre mostrarse fuerte o “soltar” lo que siente. Por si no la has visto, no descubro más y te ánimo a pasar un rato muy agradable con esta excelente película.

Generalmente, en estas situaciones, la sensación de soledad no buscada no sólo no ayuda a afrontar el problema, sino que genera una angustia y, en muchos casos, potencia un sentimiento de fragilidad que desplaza nuestra atención de la toma de las mejores decisiones hacia el bloqueo y la pérdida de autoestima.

Puede ser que sintamos que no pueden comprendernos porque no están pasando por lo mismo que nosotros, no están viviendo nuestro drama, o que pensemos que vamos a transmitir inseguridad y tensión cuando los demás también tienen sus problemas y no necesitan más complicaciones. Que un deportista tiene que mostrar su faceta de luchador, incluso en estas circunstancias. Quizás, temamos no poder contar lo que sentimos porque ni siquiera estamos seguros de qué ha sucedido o de qué nos ronda por dentro.

En todo caso, es importante que comprendamos que todo proceso similar, incluso fuera del deporte, ya sea despido, muerte de alguien cercano, separación o divorcio, etc., necesita una reorganización mental que nos permita comprender el nuevo marco al que nos vamos a enfrentar.

Necesitamos reconstruir ese entramado que nos sostiene y que traduce el mundo a un lenguaje que podamos comprender. Ese proceso, el duelo, es humano, es normal, sí, es normal, y nosotros somos igual de normales por cruzar su pasarela hacia una nueva circunstancia. A partir de él, se toma consciencia de la situación para construir la plataforma desde la que afrontar el duro proceso que nos llevará a la salida del túnel. Siempre que atravesamos un duelo, lo que viene detrás es algo nuevo. Podrá vestirse de la misma forma, pero no es igual. Si fuese así, el duelo no sería necesario.

Cuántas veces me lo han preguntado …, ” ¿es normal que me sienta de esta manera?, ¿no debería sentir tal o cual?”…

SÍ. NO. En ese orden.

Algunas indicaciones generales (adaptables a las realidades particulares) para afrontar la situación:

* No asumir que uno es culpable de la situación sin más. A veces, son cosas que nos pasan y tenemos poco control sobre ellas. En todo caso, aceptar y crecer desde la misma y el aprendiza que aporta. Siempre tomando lo que nos interese del pasado para dirigir nuestra energía y atención hacia el presente y futuro, que es nuestro ojetivo y faro.

* Procurar separar la persona de la situación, el “ser” del “hecho” Una cosa es lo que nos ocurre y otra lo que somos.

* Pensar en una persona de confianza que va a escuchar más que preguntar y juzgar. Hablar con ella antes de que nuestros pensamientos giren como un torbellino y no seamos capaces de poner orden en la mente y las emociones.

* Si nos cuesta identificar nuestros pensamientos para hablar de ello, generar un poco de distancia respecto a las emociones poniéndolos por escrito. Nos permite separarnos, verlo como algo externo y encontrar relaciones entre lo que, dentro de nuestra cabeza, puede resultar un caos.

Foto: lolesvives.com

* Comunicar lo que ha sucedido cuanto antes (aunque, aquí hay que tener en cuenta la circunstancia personal de cada uno)

* Pedir y escuchar a los demás que cuenten lo que sienten en esta situación y lo que necesitan de nosotros (no hay manual)

* Después, contar y explicar a los que van a compartir esa situación con nosotros lo que sentimos y necesitamos (no hay manual)

* Buscar en nuestro interior el por qué vamos salir adelante, nuestra motivación intrínseca y cualquier ejemplo de superación de adversidades en el pasado.

* Una vez libres de ataduras, sentimientos de duda, culpabilidad o temores futuros (en la medida que hayamos sido capaces de hacerlo), centrarnos en el presente, desde dónde hay que trabajar, construir, y en el futuro, dónde queremos llegar… Y a por ello. La determinación, alcanzado este punto, es un motor incansable.

No es un listado extenso ni exhaustivo, pero puede servir de ejemplo para afrontar la comunicación y evitar el sentimiento de soledad que tanto complica la situación y tan dura puede llegar a convertir esta etapa por la que, tarde o temprano, casi todos los deportistas pasan.

Manuel Aguilar

 

 

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