La ovación

La inteligencia emocional, clave en el éxito deportivo

El jugador en plena competición está influido por variables emocionales que pueden marcar la diferencia al tomar una decisión o adquirir un comportamiento adecuado

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25/02/2018

La inteligencia emocional, clave en el éxito deportivo

En éste complejo mundo del deporte son cada vez más altas las exigencias y los objetivos por conseguir el éxito y como consecuencia se ha de convivir con elevados niveles de estrés debido a la presión por la inmediatez de conseguir buenos resultados.

Estamos habituados a concentrar toda la energía del entrenamiento en la mejora y progreso de las habilidades técnicas, fundamentos tácticos y capacidades físicas del jugador, pero a día de hoy la alta competición demanda un alto nivel de desarrollo y adaptabilidad motora, fisiológica y psicológica. El jugador debe procesar y ejecutar decisiones adecuadas y concisas en décimas de segundo por lo que la preparación psicológica del jugador resulta vital para obtener su máximo rendimiento, sostenerlo y con ello determinar la diferencia en la competición.

La regularidad es uno de los aspectos que más valoramos los entrenadores y los denominados “picos” de rendimientos tienen mucho o casi todo que ver con factores psicológicos, ya que el equilibrio en el estado anímico del futbolista es la clave para prolongar el óptimo rédito competitivo. Preparar y guiar a los jugadores para entender e interpretar sus emociones y fortalecer  sus habilidades de regulación emocional contribuirá de manera muy positiva a su éxito deportivo.

La inteligencia emocional además de permitirnos tomar conciencia de nuestras emociones y utilizar con eficacia la capacidad de automotivación, nos proporcionará una mayor competencia para trabajar en equipo, empatizar con todo el entorno que nos rodea, tolerar las presiones y frustraciones provocadas por el estrés de la competición y nos ofrecerá considerables posibilidades  de crecimiento personal. Si importante resulta el desarrollo emocional por parte de los deportistas y en beneficio del óptimo funcionamiento colectivo perseguido por el entrenador, de vital trascendencia derivará la gestión del grupo humano que éste haga en sus relaciones con todos y cada uno de los componentes de la plantilla para llegarles al corazón y movilizar el talento individual que una sus fortalezas en beneficio de un objetivo común.

Entre las muchas competencias que reúne el rol del entrenador la más valorada sin duda por los deportistas es la gestión del conjunto humano que forma el equipo. El éxito del entrenador depende de muchos factores, no solo de la capacidad intelectual o buena interpretación táctica del juego, ha de ser un buen gestor de emociones colectivas e individuales y un perfecto guía en la idónea interpretación y posterior ejecución que los jugadores hagan de las mismas.

Como buen líder que ha sabido ganarse el respeto y confianza del grupo en base a sus ideas, seriedad en el trabajo y sinceridad en el mensaje, será determinante la capacidad de observación de sus propias emociones y las de los demás para tener adecuado uso de esta información, manejar la relaciones interpersonales y beneficiar de manera muy positiva al equipo en el que trabajan.

En definitiva, las emociones establecen el nivel de rendimiento que podemos ofrecer, determinan el tipo de relación que mantendremos con todo nuestro entorno, y están acompañadas por alteraciones fisiológicas que afectarán a nuestras habilidades motrices, perceptivas y sensoriales, tales como la aceleración o disminución del ritmo cardiaco o el descenso o incremento de la actividad de algunas glándulas.

El jugador en plena competición está influido por variables emocionales que pueden marcar la diferencia al tomar una decisión o adquirir un comportamiento adecuado que puede resultar determinante para conseguir un óptimo rendimiento deportivo.

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