La ovación

La importancia del trabajo analítico. Por Manolo Laguna

Mejorar la ejecución de las acciones de juego. 2ª Artículo de la serie “Entrenamiento de la Técnica”

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20/02/2018

La importancia del trabajo analítico. Por Manolo Laguna

Navegar. Empiezo este artículo con la que considero palabra clave para moverse en un terreno donde no hay caminos definidos de forma precisa.

Les decía, en el artículo anterior de esta serie sobre la ejecución de las acciones de juego, que había dos exigencias antagónicas de la técnica (la necesidad de una gran dosis de eficacia y eficiencia mecánica y la necesidad de una ejecución adaptativa, dado que siempre se actúa en escenarios imprevisibles) y el adaptarse a estas exigencias  opuestas invitaba a los entrenadores a utilizar la “navegación” como planteamiento básico para la mejora mecánica de su juego.

También les explicaba las “estrellas” que yo utilizaba para trazar y reorganizar constantemente mi ruta de progreso hacia el objetivo.

Estas referencias eran cuatro:

El trabajo analítico

– La variedad

– El trabajo analítico ligado a otras tareas

– El vínculo progresivo de las tareas analíticas a la toma de decisiones.

Hoy me centraré en la primera de esas cuatro estrellas que orientan mi camino: el trabajo analítico

La convicción de que la creatividad y la capacidad de adaptación son valores esenciales de los jugadores de alto rendimiento ha hecho que miremos de reojo a todo lo que tenga relación con el análisis mecánico de los movimientos.

Queremos jugadores con capacidad casi infinita de ejecución de las acciones de juego y nos parece que enseñarle modelos concretos para ejecutar lanzamientos, pases, fintas o desplazamientos defensivos, va contra esa idea de juego creativo.

Entiendo esa tendencia. Sobre todo porque yo mismo he tenido ese instinto y esas dudas.

La idea intuitiva es que la libertad se educa evitando las normas y las restricciones, pero cuando uno hace un análisis más sagaz, llega a la conclusión de que privar a los que se están formando de orientaciones precisas no conduciría hacia la libertad, sino hacia el caos.

Pienso que la libertad de acción parte más bien de la capacidad de generalizar modelos concretos – que por su propia esencia son limitados – que de la ausencia de modelos en que apoyarse.

Hay que aprovechar, y aumentar, la capacidad de generalizar un movimiento partir de un modelo, que tiene el ser humano de forma innata. Decía en los artículos que se publicaron aquí sobre la mejora de la toma de decisiones, que además de trabajar “de lo global a lo específico”, a veces hay que hacer el viaje en sentido contrario, “de lo particular a lo general”. Este es el momento de recordar la necesidad del aprendizaje asociativo

Lo que priva de libertad a los jugadores son las normas estrictas que además llevan el sello de la inmutabilidad – “esto es así y de ahí no te puedes salir” – pero el aprendizaje de técnicas concretas, por muy cerradas que sean, que mejoren la eficacia y la eficiencia de habilidades especificas relacionadas con el juego, nunca es un obstáculo.

Es preciso, no obstante, que no se presenten estos modelos como normas inmutables y se propongan más bien como la base de partida, no como la meta.

Esto se me antoja imprescindible para conseguir formar jugadores con una razonable calidad mecánica en la ejecución de las acciones de juego.

Por lo tanto “me declaro seguidor del trabajo de análisis del movimiento y de la necesidad de incluir entrenamientos encaminados a procurar el dominio de técnicas concretas que mejoren la eficacia y la eficiencia de las acciones específicas de cada deporte”

Quiero subrayar dos detalles del párrafo anterior, para que no se me malinterprete.

El primer detalle, es que exponer la necesidad del trabajo analítico no implica excluir otro tipo de trabajo. Mi apuesta por el trabajo analítico, en todas las edades, la hago sin contraponerla a otros tipos de abordaje. No propongo trabajar analíticamente “en lugar de”, sino “además de”.

Cuando escribí sobre la toma de decisiones, propuse un estilo de ejercicios que estaban muy lejos del análisis mecánico. Lo que digo ahora es que con esos ejercicios no basta, que es preciso desarrollar la capacidad para ejecutar las acciones con garantías mecánicas, y eso no se desarrolla bien con ejercicios más globales.

Nuestro entrenamiento tiene que ser rico, no se puede avanzar en las múltiples direcciones que el juego exige enclaustrándonos en un solo tipo de ejercicios. Además es mucho más ameno para los jugadores un trabajo variado en la forma, evitando caer en enfoques rutinarios en exceso.

El segundo detalle que quisiera recalcar es que en diferentes ocasiones – y en el párrafo citado también – me he referido a la necesidad de “eficacia y eficiencia en las acciones de juego”. Es, por lo tanto, el momento de diferenciar estos dos términos que a veces se confunden.

Cuando hablo de eficacia, me refiero a la capacidad de un jugador para lograr el efecto deseado. Por ejemplo, si estamos tratando de que un jugador sea capaz de lanzar con potencia, pensaremos que ese jugador es eficaz si sus lanzamientos, finalmente, son realmente potentes.

No obstante, cuando me refiero a la eficiencia, estoy hablando, no solo de lograr el efecto deseado (lanzar potente, en el ejemplo anterior) sino además de conseguirlo con el menor coste energético posible.

Dos jugadores pueden ser igualmente eficaces en cualquier faceta del juego y, sin embargo, tener una eficiencia muy distinta.

El entrenamiento técnico, no tiene que conducir únicamente a generar jugadores eficaces – jugadores que logran los efectos mecánicos que se buscan – también tiene que contemplar que aumenten su eficiencia, es decir, deben conseguir esos efectos con la mayor economía de gestos posible.

No sé si he conseguido exponerlo de forma simple, pero me gustaría que esto se entendiera bien, porque es básico en el planteamiento del trabajo técnico.

El trabajo técnico contempla el análisis del movimiento para conseguir las exigencias de potencia, precisión o cualquier otro parámetro físico que la acción requiera, pero también se ocupa de la eliminación – o, al menos, reducción –  de todos los movimientos superfluos innecesarios que muchas veces se generan de forma paralela.

Continúo con los ejemplos para tratar de clarificar el asunto. Para cambiar la dirección de forma radical y sorpresiva, podemos estudiar cómo y con qué pierna debe impulsar el jugador y cuales son otros parámetros físicos que influirán en que el jugador consiga hacer este gesto de forma eficaz. Luego él lo aplicará para conseguir fintas y desmarques en el juego real.

Pero si nos quedamos ahí y no dirigimos nuestra atención a la eliminación de gestos parásitos que muchas veces aparecen, tendremos un jugador que acompaña sus cambios de dirección con algunos gestos de brazos y tronco, o algunos pasos anormales en el abordaje o la salida del cambio que irán quedando como parte del “pack” aprendido y supondrán una carga energética adicional (hay que pensar que son gestos que se repiten continuamente en el juego y, al final, la acumulación de energía inútil dilapidada puede ser significativa)

Aunque en la aparición de gestos parásitos, lo más importante no es el balance energético. Más adelante veremos que hay razones de táctica individual que hacen que esta economía de gestos sea imprescindible en jugadores bien entrenados. De momento, me conformo con citar esta exigencia del trabajo analítico, que muchas veces es ignorada.

El trabajo analítico de la técnica está presidido por dos exigencias: la SEGURIDAD y la PRECISIÓN

También quiero diferenciar estos dos términos que a veces pueden confundirse o tomarse por equivalentes

La seguridad en un pase, por ejemplo, hace referencia al hecho de que el balón llegue a su destino sin perderlo, aunque un pase puede ser seguro pero no adecuado porque lastra la acción del receptor.

La precisión de un pase no se refiere sólo a eso, alude más bien a la capacidad de hacerlo de tal forma que, al jugador que lo recibe, le llegue al lugar ideal que le permite la acción continuada de forma fluida y eficaz.

Todo análisis técnico de cualquier acción de juego tiene que procurar estas dos exigencias.

Como vemos las exigencias mecánicas son muchas y a mí me parece que si no son abordadas analíticamente, es muy difícil que se puedan desarrollar y aprender de forma adecuada.

No es una cuestión que afecte de forma especial al deporte. Cualquier actividad creativa tiene también exigencias mecánicas que, en su momento, tienen que ser abordadas con métodos analíticos y con trabajo monótono y repetitivo.

Los bailarines de ballet creativo, los músicos de jazz y muchos otros artistas pueden crear e improvisar cosas maravillosas porque dominan pasos, escalas, armonías, ritmos y otros recursos que, en su momento, tuvieron que aprender de forma analítica y que en sus ensayos diarios repiten de forma monótona con mucha frecuencia.
Quiero citar, para cerrar este artículo sobre la necesidad del trabajo analítico, una frase del inigualable Paco de Lucía: “Yo, desde que era niño, practico con la guitarra durante 8 horas al día. En Andalucía a eso luego lo llaman ‘angel’”

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