La ovación

Jugador@s a punto de retirarse que piensan ya como entrenador@s

Anna Montañana, referencia del baloncesto nacional, camina entre el disfrute de su deporte y la formación como entrenadora (ABC)

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12/03/2018

Jugador@s a punto de retirarse que piensan ya como entrenador@s

La vida la ha pasado en una pista de baloncesto, donde se encuentra como un pez rotundamente libre en los océanos. Es su hábitat. No existe otra cosa que pueda enriquecerla más. Disfruta de eso que para muchos es un ensoñación que es poder vivir, trabajar, disfrutar con lo que le arrebata su pasión. Su pensamiento, su creatividad, su esfuerzo están embargados por el basket. Anna Montañana Gimeno (Alboraya, Valencia, 24/10/1980) ha sido y es una de las grandes referencias del basket femenino español. Lo dice su amplio palmarés, incontestable claro a nivel de clubes y de Selección, pero también la casta y el ingenio que definen su juego.

Respira su deporte. Cree en él. Lo necesita como el oxígeno mismo. «El baloncesto a mí me lo ha dado todo. Me ha marcado una disciplina, una manera de expresarme, una manera de sentirme cómoda. La pista es ese lugar donde consigo sacar toda mi fuerza, mi energía, mi competitividad, mi carácter, donde poder dejar suelta mi creatividad», reflexiona la jugadora valenciana sobre ese deporte del que lleva enamorada desde hace veinte años.

Y a lo largo de su carrera no se ha parado a negociar con su interior si deseaba otras cosas; esas que el deporte de alto rendimiento acostumbra a secuestrar porque hay unas exigencias inquebrantables para el deportista veraz. «He querido y quiero muchísimo a este deporte. Se acaba el entrenamiento y me apetece jugar más. Toda mi vida he querido más. Y no me importa dejar de hacer otras cosas. No era ningún sacrificio, porque de verdad vengo haciendo desde prácticamente toda mi vida lo que más me gusta en el mundo que es el baloncesto», significa.

Ballet, gimnasia rítmica, natación, judo, fútbol… lo probó todo de niña, cuando ya era un auténtico manojo de energía y creatividad. Recuerda que con nueve años unas amigas de su hermano le pidieron que fuese a jugar un partido de baloncesto. Ganaron sobradamente y Anna anotó prácticamente la totalidad de los puntos. Había encontrado su deporte. Tanto que progresó fuerte en poco tiempo y a los once años ya fue seleccionada por el combinado nacional para un Mundialito en Puerto Rico. Su madre le recuerda que por entonces le dijo «voy a ser profesional del baloncesto».

 

 

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