La ovación

Cuando un deportista no está o no se siente integrado en el equipo, por Manuel Aguilar

Es obligación del entrenador, buscar como sea la integración del “outsider” en el grupo, llegar hasta a él

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27/11/2017

Cuando un deportista no está o no se siente integrado en el equipo, por Manuel Aguilar

En todo deporte hay alguien del que no se puede prescindir, el deportista, válgame. ¿Y quiénes son los deportistas? Todos. Evidente, ¿no? Mmmmmm, pues, mira, que sí, son todos. Sin embargo, teniendo en cuenta lo complicadas y diversas que resultan nuestras personalidades, hay deportistas y deportistas.

En cualquier vestuario encontramos, como en la vida, distintas sensibilidades y formas de ser. Cualquier equipo, ya sea formal y estable, empresa, deporte, acción social, proyecto de estudios, etc., como creado ad-hoc para la ocasión, lo conforman distintas visiones del mundo que se adaptan a diferentes roles que conforman un conjunto de interacciones. Dentro de este universo, hay un tipo de persona que me interesa mucho y sobre el que me gustaría comentar algo brevemente.

Hablemos de deporte. ¿Recordáis aquella persona que es tímida o, por diferentes razones, tiene más dificultades que otros para integrarse y siente o le tratan un poco (o un mucho) como un outsider? ¿Os suena? En este caso, no hablo de quienes están, pero por razones externas (porque les apuntan sin preguntarles, no les gusta el deporte, pero un amigo suyo se apuntó y él le siguió… Ese es otro tema que da para otro artículo que me parece interesante) Tampoco hablo de situaciones de acoso, ni de grupos que se aprovechan de los “supuestamente más débiles”. No, no hablo de ataques, sino de aquellas personas que son tan necesarias como el resto, pero, incluso en buenos ambientes, no consiguen entrar en la dinámica general por x razones (podría ser nuevo, existir ya grupos formados, que los demás se conocieran de antes, su carácter sea diferente al de la mayoría dominante…Tantas razones…)

También, podría “caer” en un equipo en que el entrenador cuente con la sensibilidad suficiente para detectarlo y buscar la fórmula mágica para facilitar su integración en el conjunto, o que no tenga esa suerte y para el coach signifique un problema o un jugador que no sirve, pues no tiene carácter.

Fuente: mundofutbolbase.com

Lo siento, hago un paréntesis, ¿NO TIENE CARÁCTER –así, en mayúsculas-? ¿Sabéis (seguro que sí), la fortaleza de carácter que hay que tener para ejercer ese papelón y, sin embargo, no ceder y seguir preparando la mochila, llenarla con el material deportivo de turno y continuar acudiendo día tras día a entrenar o jugar, a pesar de tener que poder responder NO a la pregunta que tantas veces hago a bastantes deportistas  – “¿estás seguro de que, de todos los lugares del mundo, este es el único en el que querrías estar en este momento?”-.  Son agallas, es valor, es fuerza, es deseo y es superación.

En muchos de estos jugadores tenemos todo lo que buscamos. Sin embargo, no explota ni se manifiesta delante de nuestros ojos como con aquellos que, por muchas razones, sí muestran su mundo interior con una facilidad y desparpajo que, para aquellos que se encuentran en esa posición de equilibrio entre “quiero” y “no sé cómo”, en ocasiones resulta casi lacerante. Y, vaya, en muchas ocasiones, no se les ve.

Pero, puedo asegurar que, al menos para mí, luchar en la tormenta, con el viento que se empeña en soplar de proa abofeteando la cara y, a pesar luchar contra ello, acudir día tras día a practicar ese deporte que tanto te gusta, pero en el que no terminas de encontrar tu lugar con esa tormenta interior, es de una fuerza emocional tan feroz que quien sepa verla tendrá un aliado y, posiblemente, lo que tanto buscamos: alguien que dé todo lo que tiene en su interior.

Aquí viene el meollo de la cuestión. ¿Es tarea del jugador cambiar el estado de las cosas, como tantas veces he oído? En parte, sí, pero, esa parte ya nos la está ofreciendo con su insistencia en seguir viniendo, a pesar de que, como todo ser social, querría ser uno más y es consciente de que no del todo. Al menos, al nivel que desearía. ¿Entonces…?

La considero una labor conjunta con el entrenador, teniendo más peso éste, pues es su tarea gestionar medios y personas. Es decir, detectarlo, aceptarlo y ayudarle. Cualquier otra cosa, al menos a mí, no me vale. Se trata de un rasgo que distingue a un preparador, algo muy digno, de un entrenador. Lo siento. No somos transmisores de información, somos conductores de grupos. Y digo somos, porque yo también entreno. No hablo de oídas.

Discutible podrá ser mi afirmación. Bien, me lo argumenten, que escucharé.

Desde mi enfoque, debería ser (no debería “de ser”) nuestra obligación buscar como sea su integración en el grupo, llegar hasta a él y, siempre respetando nuestros respectivos roles, estar a su disposición. Encontrar formas de que se vaya integrando, tanto a través de los ejercicios como de la relación diaria. Darle la oportunidad de conseguir lo que tanto le ilusiona (¿si no, quién persiste en seguir viniendo?) o, al menos, conocer si de verdad es ilusión, reto personal o cuál es la razón para que no abandone e insista.

Y es una labor que no sólo hay que realizar con él, insisto, sino, a partir de él y entender el contexto, utilizar todo lo que hay a nuestro alcance, ejercicios (que los realice con quienes más le puedan favorecer y sean positivos, además de tener influencia en el resto del conjunto), compañeros, grupos, líderes dentro del equipo, formales e informales, para que todas las persona (no son adultos en pequeñito, ni chavalines sin criterio, sino personas que crecerán y madurarán al amparo de todos nosotros) sientan que este es el sitio en el que quieren estar en ese momento y no otro…, y disfruten de algo que debería ser inolvidable y para toda la vida.

Manuel Aguilar

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