La ovación

Ahora lo llaman crecer

Griezmann en 2018 y Neymar y Morata en el pasado son ejemplos de gestiones erróneas de cómo marcharse de los equipos. Lo económico pesa, pero no se dice claramente.

Volver

24/05/2018

Ahora lo llaman crecer

La posible salida de Griezmann del Atleti al Barça ha dado lugar a un pensamiento simple. ¿Por qué a un jugador le cuesta decir “me voy por dinero”? Es cierto que el francés cogería el avión a un proyecto con más aspiraciones, a priori, en la champions y la liga, pero los más de 20 millones de euros que le ofrecen podrían ayudar a decantarse.  Ahora lo llaman crecer. “Quiero crecer como futbolista”, es la frase literal que suelen emplear los cracks para justificar un adiós. Una finura del lenguaje que esconde, en el caso de el principito, dejar de ser el rey de un club para pasar a establecerse como un secundario de lujo de Messi. Un rol que en la pirámide está por debajo. Todo sea por jugar al lado del mejor jugador del mundo, dirán algunos.

Foto: ecodiario.es

En el pasado reciente esta circunstancia ya se ha dado. Neymar se fue de can barça con la aspiración del balón de oro y con un pastizal bajo el brazo. Tampoco alegó la economía como motivo de su traspaso al PSG. Sería algo lógico moverse por dinero para un trabajador medio. Sin embargo estos “obreros” del fútbol tienen la norma de no decirlo por el temor del calificativo de “pesetero” por parte de un sector de la grada que haría lo mismo. Ellos prefieren establecer la superación personal. Visión que a su vez empleó Morata con el objetivo de ir al mundial. En este caso más realista por su escasez de minutos por el papel de Benzemá. Lamentablemente para él, no le ha ido muy bien en esa intención por culpa de su lesión de espalda.

Luego están los Puyol, Xabi Prieto o Maldini. Jugando toda la vida en un solo club. Tan legal es esto como el que cambia año a año de club. Convendría, eso sí, no disfrazar esto segundo de lo que no es. Mejora deportiva. Plantearlo con sinceridad es la clave. El peso de los billetes como prioridad. Es simple: para algunos la felicidad es jugar en el equipo de su vida siendo los jefes y para otros la cuenta corriente. El decir otras cosas es tratar de engañar a los futboleros, sector que ya se las sabe todas.

Artículos relacionados